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Lenguas de signos y tecnología: ¿estamos construyendo para todos?

  • 14 jun
  • 2 min de lectura

Hoy, 14 de junio, se celebra el Día Nacional de las Lenguas de Signos Españolas. La fecha conmemora la fundación de la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE) en 1936, y lleva desde 2014 marcada en el calendario oficial por acuerdo del Consejo de Ministros.

Según la Encuesta sobre Discapacidad del INE (2020), en España hay 1.230.000 personas con algún tipo de discapacidad auditiva. De ellas, 27.300 usan la lengua de signos como modo principal de comunicación. Un dato que ha crecido un 105% respecto a la encuesta anterior de 2008. La LSE (lengua de signos española) y la LSC (lengua de signos catalana) son sus idiomas: no sistemas de apoyo, no representaciones manuales del castellano o el catalán, sino lenguas completas con gramática propia, reconocidas oficialmente por la Ley 27/2007.


Logo oficial del Día Nacional de las Lenguas de Signos Españolas de CNSE (Confederación Estatal de Personas Sordas)
Logo oficial del Día Nacional de las Lenguas de Signos Españolas de CNSE (Confederación Estatal de Personas Sordas)

Lo que la tecnología promete y lo que todavía no cumple

En los últimos años han llegado herramientas que apuntan en la buena dirección: reconocimiento de signos por visión artificial, avatares signantes generados por IA, plataformas educativas con interpretación automática. Pero hay un problema estructural que se repite: la mayoría están entrenadas sobre corpus muy limitados, y la LSC queda casi siempre fuera. Los avatares cometen errores gramaticales que cualquier usuario nativo detectaría en segundos. Y la mayor parte del contenido digital: servicios públicos online, plataformas de streaming, e-learning sigue sin ofrecer interpretación en lengua de signos de forma sistemática.

La brecha no es de intención. Es de quién está en la mesa cuando se diseñan estas soluciones.


Inclusión que se diseña desde dentro

Los espacios digitales que se están construyendo ahora (entornos virtuales, interfaces conversacionales, plataformas educativas) decidirán si son para todos o solo para algunos. Esa decisión no se toma al final del proceso de desarrollo. Se toma al principio, cuando se define para quién se construye.

En Brainlab Fira creemos que la innovación tecnológica tiene una responsabilidad activa aquí. Incluir a la comunidad sorda como usuaria experta, no como caso de uso secundario, es el punto de partida.


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