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Día Internacional del Coworking: La historia del coworking

9 ago
6 min de lectura

Cada año, el 9 de agosto, las comunidades de coworking de todo el mundo celebran el Día Internacional del Coworking, una jornada dedicada a una idea sencilla pero poderosa: el trabajo puede resultar más inspirador cuando compartimos el espacio, las ideas y las experiencias con los demás.


En Brainlab Fira, esa idea nos resulta especialmente cercana. El coworking es mucho más que disponer de un escritorio y una buena conexión a Internet. Se trata de formar parte de un entorno en el que personas, profesiones y perspectivas diferentes puedan encontrarse, conectar y crecer.


Pero, ¿cómo surgió el coworking? ¿Y por qué celebramos el Día Internacional del Coworking el 9 de agosto?

La historia nos remonta a finales de la década de los noventa y al inicio de una forma muy diferente de concebir el trabajo.


Ilustración que muestra la evolución del coworking, desde el trabajo independiente en 1999 hasta los espacios de trabajo compartidos en 2005 y el coworking colaborativo en 2026.
Ilustración que muestra la evolución del coworking desde 1999 hasta 2005 y 2026, pasando del trabajo independiente a un espacio de trabajo compartido y colaborativo.

¿Dónde surgió el coworking?


La historia del coworking comenzó antes de que existieran las oficinas compartidas y los espacios de trabajo flexibles que conocemos hoy en día.


A finales de la década de 1990, las nuevas tecnologías ya estaban cambiando la relación entre las personas y el lugar de trabajo tradicional. A medida que el uso de ordenadores e Internet se iba generalizando, empezaron a surgir nuevas ideas en torno a la colaboración, la independencia y la forma en que las personas podían trabajar juntas al margen de las estructuras organizativas convencionales.


Uno de los primeros hitos se produjo en 1999.


Según Xarxa Punt TIC, una iniciativa de la Generalitat de Cataluña, el diseñador de juegos y escritor estadounidense Bernard DeKoven fue la primera persona en utilizar el término «coworking».


Pero DeKoven no se refería a un espacio de coworking.


Su uso de la palabra describía una forma de trabajo colaborativo entre iguales, más que a personas que comparten una oficina física. Esta distinción es importante porque muestra que el coworking comenzó como una idea sobre cómo las personas trabajan juntas antes de asociarse con el lugar donde trabajan.



De una filosofía a un espacio físico


El siguiente capítulo importante tuvo lugar en San Francisco en 2005.

El 9 de agosto de 2005, el programador Brad Neuberg utilizó el término «coworking» en referencia a un espacio físico donde los profesionales pudieran reunirse para trabajar.

Neuberg se planteaba una cuestión que, más de veinte años después, sigue resultando de gran actualidad: ¿se podría combinar la libertad y la independencia de trabajar por cuenta propia con la comunidad y la interacción social que supone trabajar junto a otras personas?


Su enfoque unió esos dos mundos.

En lugar de tener que elegir entre trabajar de forma independiente y formar parte de una comunidad laboral, el coworking ofrecía la posibilidad de disfrutar de ambas cosas.

Según la Xarxa Punt TIC de la Generalitat, el uso que Neuberg hizo del término el 9 de agosto de 2005 es la razón por la que cada año se celebra el Día Internacional del Coworking el 9 de agosto.


Ilustración de Spiral Muse en San Francisco, sede del espacio de coworking de Brad Neuberg en 2005.
Spiral Muse, San Francisco: sede del primer experimento de coworking de Brad Neuberg en 2005. Reconstrucción ilustrada.

El inicio del movimiento moderno del coworking


Lo que hace que esta historia resulte especialmente interesante es que el coworking no fue simplemente la invención de otro tipo de oficina.

Representaba una relación diferente con el trabajo.


El concepto original de DeKoven hacía hincapié en la colaboración entre las personas. La interpretación posterior de Neuberg vinculó esa filosofía con un entorno físico en el que los profesionales independientes pudieran trabajar realmente codo con codo.

Esas ideas (independencia, colaboración y comunidad) pasaron a ser fundamentales para el movimiento de coworking que siguió.


A medida que el coworking se fue desarrollando, los espacios de trabajo compartidos comenzaron a reunir a autónomos, emprendedores, startups, profesionales que teletrabajan y empresas que, de otro modo, quizá nunca se hubieran cruzado.

Y aunque los espacios de coworking actuales tienen un aspecto muy diferente al de los primeros experimentos de la década de 2000, la idea fundamental sigue siendo sorprendentemente familiar:

Puedes trabajar de forma independiente sin tener que trabajar solo.



De los escritorios compartidos a las comunidades compartidas


Más de veinte años después de aquel hito en San Francisco, el coworking ha evolucionado mucho más allá de la simple idea de compartir una oficina.


Las investigaciones académicas sobre el coworking describen estos espacios como entornos en los que profesionales de diferentes procedencias pueden trabajar de forma independiente mientras comparten un lugar de trabajo físico. Las investigaciones también han asociado el coworking con valores como la comunidad, la colaboración, la apertura, la accesibilidad y el intercambio de conocimientos.


Estas cualidades ayudan a explicar por qué el coworking puede ofrecer algo diferente tanto de la oficina tradicional como del trabajo en solitario.

Las personas pueden llegar con proyectos, sectores y trayectorias completamente diferentes, pero compartir un entorno crea posibilidades.

Una conversación mientras se toma un café puede convertirse en una nueva colaboración. La persona que trabaja en la mesa de al lado puede aportar una nueva perspectiva sobre un problema. Una presentación informal puede dar lugar a un cliente, un socio o, simplemente, a alguien interesante con quien intercambiar ideas.

Esas conexiones cotidianas forman parte de lo que hace que el coworking sea diferente.



Una forma de trabajar que sigue evolucionando


El entorno de trabajo ha cambiado considerablemente desde los inicios del coworking.

Hoy en día, los profesionales tienen más posibilidades a la hora de decidir dónde y cómo trabajan. Los autónomos, los emprendedores, las startups, los trabajadores a distancia y las empresas pueden tener expectativas diferentes respecto al entorno de trabajo, pero la flexibilidad y la conexión se han convertido en aspectos cada vez más importantes del debate.


El coworking se sitúa en la encrucijada de esas dos necesidades.

Ofrece a las personas la independencia para gestionar su propio trabajo, al tiempo que crea un entorno en el que las conexiones profesionales y sociales pueden surgir de forma natural.

Puedes llegar por la mañana centrado por completo en tus propios objetivos y, aun así, marcharte tras haber intercambiado ideas con alguien de una profesión totalmente diferente.

A veces, esas interacciones son pequeñas. Otras veces, conducen a algo inesperado.

Ambas forman parte de la experiencia.



Qué significa el coworking en Brainlab Fira


En Brainlab Fira creemos que un espacio de trabajo debe ofrecer a las personas la posibilidad de concentrarse y, al mismo tiempo, crear oportunidades para relacionarse.

Debe ser un lugar donde puedas tener una mañana productiva, conocer a otros profesionales, intercambiar ideas y sentirte parte de una comunidad sin perder la flexibilidad y la independencia que han formado parte del concepto de coworking desde el principio.

Para nosotros, ese equilibrio es fundamental.


Un espacio de trabajo proporciona el entorno, pero son las personas que lo integran las que crean la experiencia.

Cada persona que cruza nuestras puertas aporta algo diferente: un proyecto, un negocio, un área de especialización, una ambición, un reto o, simplemente, una perspectiva diferente.

Reúne a esas personas en un mismo entorno y un lugar de trabajo puede convertirse en algo más que la suma de sus escritorios.



Día Internacional del Coworking en Brainlab Fira


El Día Internacional del Coworking nos brinda la oportunidad de recordar cómo surgió este movimiento, pero también es un día para celebrar lo que representa hoy en día el coworking.


Independencia. Flexibilidad. Colaboración. Apertura. Comunidad.

Y, sobre todo, las personas.


Por eso, este 9 de agosto queremos rendir homenaje a todos aquellos que hacen de Brainlab Fira lo que es: los profesionales que crean empresas, desarrollan ideas, trabajan a distancia, ponen en marcha nuevos proyectos, comparten conversaciones y contribuyen a nuestra comunidad cada día.


Nuestra forma de trabajar ha cambiado enormemente desde que apareció por primera vez el término «coworking».


Los espacios han cambiado.


La tecnología ha cambiado.


Las posibilidades han cambiado.


Pero hay una idea que sigue siendo especialmente relevante:

Trabajar de forma independiente no tiene por qué significar trabajar solo.

Porque a veces lo mejor de ir a trabajar no es simplemente el lugar donde trabajas.

Es con quién trabajas.


¡Feliz Día Internacional del Coworking desde Brainlab Fira!



Fuentes


  1. Generalitat de Catalunya – Xarxa Punt TIC:

    9 de agosto, Día Internacional del Coworking - https://punttic.gencat.cat/esdeveniment/9-dagost-dia-international-del-coworking.


  2. Ajuntament de Barcelona / Barcelona Activa

    Coworkings en Cataluña – Estado de la cuestión -

    https://bcnroc.ajuntament.barcelona.cat/jspui/bitstream/11703/112759/1/EstudiBA_2017_Coworkings.pdf.


  3. Academic research available through PubMed Central:

    Investigación sobre los espacios de coworking, sus características y el papel de la comunidad, la colaboración y el intercambio de conocimientos - https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7497231/.

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