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Además de la distancia: cómo las experiencias virtuales pueden abrir nuevas puertas al aprendizaje y al acceso

  • 12 ago
  • 6 min de lectura


El 12 de agosto se celebra el Día Internacional de la Juventud, una oportunidad para reflexionar sobre los retos, las ambiciones y las oportunidades que marcan las vidas de los jóvenes de todo el mundo.


El tema de este año, «Contextos diferentes, aspiraciones comunes», pone de relieve una realidad sencilla pero contundente: los jóvenes pueden crecer en circunstancias sociales, económicas y geográficas muy diferentes, pero muchos comparten aspiraciones similares. El acceso a una educación de calidad, las oportunidades de participación, un trabajo significativo y la posibilidad de construir un futuro mejor son ambiciones que traspasan fronteras.


Lo que difiere, sin embargo, es la capacidad de acceder a esas oportunidades.


El lugar donde vivimos, los recursos de que disponemos y nuestra capacidad para viajar pueden influir en los lugares que descubrimos, las experiencias que vivimos y las formas en que aprendemos. Un museo, un lugar de interés cultural, una exposición o una experiencia educativa pueden ser relativamente fáciles de alcanzar para una persona, mientras que para otra pueden estar a miles de kilómetros de distancia o ser económicamente inalcanzables.


Las aspiraciones compartidas no siempre significan oportunidades compartidas.


Y eso plantea una pregunta interesante para quienes trabajamos con tecnología y diseño de experiencias: ¿pueden los entornos virtuales ayudar a crear nuevas vías de acceso?



Cuando la distancia física se convierte en una barrera


Hay algo insustituible en estar físicamente presente.

Pasear por un edificio histórico, contemplar una obra de arte, recorrer una exposición o compartir una experiencia con otras personas nos involucra de formas que son difíciles de reproducir digitalmente.

Pero las experiencias físicas también conllevan limitaciones físicas.

Viajar cuesta dinero. La geografía crea distancia. Los recintos tienen un aforo limitado. Algunas experiencias solo existen en determinadas ciudades o países. Las circunstancias personales también pueden dificultar o imposibilitar los viajes.

Por lo tanto, para muchas personas, la elección no es necesariamente entre vivir una experiencia de forma física o virtual.

A veces, la elección es entre vivirla virtualmente o no vivirla en absoluto.

Aquí es donde la tecnología inmersiva puede ofrecer una perspectiva diferente sobre la accesibilidad.

En lugar de preguntarnos si las experiencias virtuales pueden sustituir a las físicas, quizá una pregunta más interesante sea si pueden ampliar su alcance.



Abrir una puerta donde antes no había ninguna


Los entornos virtuales permiten explorar un lugar sin necesidad de desplazarse físicamente hasta allí. Pueden ofrecer contenidos culturales, educativos e interactivos a cualquier público, independientemente de su ubicación, y crear experiencias que serían difíciles o incluso imposibles de reproducir en el mundo físico.


En Brainlab Fira, esta es una de las posibilidades que exploramos a través de Brainlaverse: utilizar entornos virtuales inmersivos no solo para recrear espacios físicos, sino para explorar nuevas formas en que las personas puedan acceder, descubrir e interactuar con los contenidos.


Una visita virtual nunca será exactamente igual que estar físicamente en el lugar, ni tiene por qué serlo.


Su valor puede residir en otra parte.


Puede brindar una oportunidad a alguien que no pueda viajar debido a la distancia o al coste. Puede permitir que una experiencia llegue a un público más allá del aforo o de las limitaciones geográficas de un recinto. Y puede crear nuevas formas de navegar por la información, interactuar con los contenidos y descubrir un tema.


En otras palabras, la tecnología inmersiva puede ayudar a abrir una puerta donde antes no la había.



Desde el acceso a las experiencias de aprendizaje virtual


¿Y si visitar un lugar histórico no siempre requiriera estar físicamente allí?


A través de entornos virtuales, los espacios culturales y educativos pueden hacerse accesibles a distancia, lo que permite a los usuarios no solo ver un lugar, sino también explorarlo y descubrir las historias que hay detrás de él.


Un ejemplo dentro de Brainlaverse es una experiencia virtual que permite a los usuarios explorar el castillo de Montcortès, un castillo histórico español, mientras descubren información sobre su historia y su importancia a lo largo del recorrido.


Explorar un castillo histórico español a través de una experiencia interactiva de Brainlaverse.

Este potencial resulta especialmente interesante cuando pensamos en la educación.

Aprender no tiene por qué limitarse a leer información o ver contenidos en una pantalla. Los entornos virtuales permiten a las personas explorar, interactuar y aprender a través de la experiencia.


Imagina visitar un lugar histórico situado a miles de kilómetros de distancia sin salir del aula. Explorar un entorno virtual diseñado en torno a un concepto científico. Recorrer una exposición que existe físicamente en otro país. O interactuar con objetos e información de formas que no serían posibles en la realidad.


Estas experiencias pueden convertir el aprendizaje de algo que consumimos en algo que exploramos activamente.

Y, dado que el propio entorno es digital, la experiencia no tiene por qué reproducir necesariamente las limitaciones del mundo físico. Los objetos pueden cambiar de escala. La información puede aparecer de forma contextual. Se pueden simular diferentes escenarios. Los usuarios pueden avanzar por una historia a su propio ritmo.


Por lo tanto, la cuestión va más allá de limitarse a proporcionar acceso virtual a un lugar físico.


¿Cómo podemos utilizar la tecnología inmersiva para hacer que el conocimiento sea más experiencial y accesible sin que la presencia física sea un requisito previo?



Aprender juntos en espacios virtuales


El acceso a contenidos educativos es solo una parte del panorama. Los entornos virtuales también pueden convertirse en espacios donde se aprende en grupo.


Esta es un área que Brainlaverse sigue explorando con su función de aula privada, que permite a los profesores crear espacios de aprendizaje virtuales específicos para grupos de alumnos.


Dentro de estos espacios, los educadores disponen de herramientas para organizar y gestionar la experiencia de aprendizaje, desde grupos de alumnos y tareas hasta cuestionarios, retos, comentarios y excursiones virtuales. Esto significa que la exploración inmersiva no tiene por qué estar separada de la experiencia en el aula. Puede formar parte de un proceso de aprendizaje estructurado.


  • Las aulas privadas de Brainlaverse combinan herramientas para docentes con actividades de aprendizaj
  • Ejemplo de un cuestionario

En conjunto, estas posibilidades pueden crear un proceso de aprendizaje más conectado.


Un profesor podría llevar a un grupo de alumnos a un entorno virtual compartido, realizar con ellos una excursión virtual a un lugar histórico y, a continuación, utilizar actividades interactivas, retos o cuestionarios para reforzar lo que han descubierto.


En este contexto, la tecnología inmersiva va más allá de ofrecer a los alumnos algo nuevo que ver. Crea un espacio compartido en el que pueden explorar y aprender juntos. Y cuando el destino físico está lejos o es de difícil acceso, ese espacio virtual compartido puede ofrecer otra vía para el descubrimiento.



La accesibilidad es algo más que publicar algo en línea


Por supuesto, el hecho de crear una experiencia virtual no la convierte automáticamente en inclusiva.

Los entornos digitales tienen sus propias barreras. El acceso a dispositivos y a conexiones a Internet fiables no es universal. El nivel de alfabetización digital varía, y a la hora de diseñar una experiencia hay que tener en cuenta la accesibilidad, el idioma y la usabilidad.


La tecnología puede eliminar ciertas barreras, pero al mismo tiempo crear otras de forma involuntaria.

Por eso, la inclusión debe partir de la forma en que se diseña una experiencia, más que de la tecnología elegida para ofrecerla.


¿Quién podrá acceder a ella? ¿Qué dispositivo necesitarán? ¿Es intuitiva la experiencia? ¿Pueden participar personas con capacidades diferentes? ¿Es el contenido comprensible para distintos públicos?

Estas preguntas son importantes si se quiere que las experiencias virtuales amplíen realmente el acceso, en lugar de limitarse a añadir otra capa tecnológica.



Diferentes contextos, más formas de participar


El Día Internacional de la Juventud nos recuerda que no todos los jóvenes parten del mismo punto de partida.


La tecnología, por sí sola, no puede eliminar la desigualdad económica, las barreras geográficas ni el acceso desigual a la educación. Tampoco debe presentarse una experiencia virtual como sustituto de todas las experiencias físicas.


Sin embargo, la tecnología puede ofrecernos formas adicionales de compartir conocimientos, experiencias y oportunidades.


Esa distinción es importante.


Quizá el papel más significativo de la tecnología inmersiva no sea sustituir al mundo físico, sino ampliar lo que es posible más allá de sus límites: permitir que alguien explore un lugar al que no puede llegar, descubra algo con lo que de otro modo nunca se encontraría o aprenda a través de una experiencia que antes no estaba a su alcance.


El tema del Día Internacional de la Juventud de este año es «Contextos diferentes, aspiraciones comunes». Quizá nuestro papel como diseñadores y tecnólogos sea pensar en cómo podemos crear más vías hacia esas aspiraciones.


Porque puede que no seamos capaces de eliminar todas las barreras.


Pero podemos seguir diseñando nuevas puertas.

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